Violencia sexista: claves para la comprensión del feminicidio en Juárez

Publicado por en ene 31st, 2011 y archivado bajo Ensayos _________________________________________________________________________________________________________________________________

En “Violencia sexista. Algunas claves para comprender el feminicidio en Ciudad Juárez” (UNAM, 2004) se revela “una historia de pobreza, misoginia, e impunidad”, donde las precisiones conceptuales se ven desbordadas por una violencia estructural que igual sobreexplota el trabajo femenino, o perfecciona “sus recursos discriminatorios y destructivos contra las mujeres, al extremo en que ni las víctimas ni sus familias parecen encontrar justicia, y ni siquiera solidaridad”. * Prólogo del libro Violencia sexista. Algunas claves para comprender el feminicidio en Ciudad Juárez (UNAM, 2004). Griselda Gutiérrez Castañeda, coordinadora.

En ciertas caracterizaciones que se hacen del fenómeno de la violencia como una constante en nuestras sociedades, se suele incorporar a la desigualdad y la pobreza como parte del repertorio de lo que se denominan  formas de violencia estructural, provocadas por ciertos modelos organizativos de tipo socio económico, aunados a los mecanismos punitivos de los diseños institucionales y legales  encaminados a preservar un orden dado. En ese tenor se suele distinguir de esas modalidades de violencia económica, social,  material, las que se podrían considerar formas de violencia simbólica, en las que se pueden incluir patrones y actitudes que  hacen efectivas valoraciones y relaciones de sojuzgamiento, devaluación, discriminación, etcétera. Tradicionalmente se han registrado como variables generadoras o justificantes de tales conductas razones de estatus social, económicas, raciales, étnicas, religiosas, ideológico políticas, e incluso genéricas.

El debate que eventualmente pudo haber desencadenado el distinto alcance de la gravedad del daño inferido por la violencia socio económica, la institucional, o la violencia simbólica, parece haber sido superado cuando se constatan los costos vitales y psíquicos que le acarrean a la persona que lo padece. Si los argumentos  al reconocer sus efectos les hace en algún punto equiparables, lo que indudablemente marca diferencias extremas e inconmensurables es cuando la violencia no puede ser sancionada ni por ordenamientos establecidos, normativas sedimentadas o códigos “naturalizados”. Este es el caso de la violencia que pauperiza como sistema a sus víctimas, que se ensaña contra ellas por su condición de género, y que se puede ejercer en su contra con total impunidad.

El caso de los asesinatos y desapariciones de mujeres de Ciudad Juárez, es una historia de pobreza, misoginia, e impunidad, un fenómeno en el que  sin desmedro de la utilidad de las precisiones conceptuales, tales distinciones se ven desbordadas, porque tan estructural es la violencia que sobre explota el trabajo femenino, como el que en una cultura patriarcal se perfeccionen  sus recursos discriminatorios y destructivos contra las mujeres, como el que institucional y socialmente se ensanchen los cauces de la impunidad, al extremo en que ni las víctimas ni sus familias parecen encontrar justicia, de parte de quienes tienen la atribución de ejercerla, y ni siquiera solidaridad, la indiferencia no es exclusiva de amplios sectores de la sociedad local, se extiende a lo largo del país, y destaca cuando incluso instancias como las iglesias evitan cualquier pronunciamiento.

En el lapso de diez años la violencia estructural, la violencia simbólica y la violencia extrema y depredadora ha aniquilado, según cifras conservadoras  a 370 mujeres, de las que por lo menos en 137 casos hay evidencia de violencia sexual, y existe un registro aproximado de 500 mujeres desaparecidas[2] no es un exceso, es si acaso la denominación de un hecho que para intentar comprenderlo exige rebasar la dimensión casuística, la particularidad de casos aislados e incluso psicopatías individuales, y dimensionar que su proliferación es síntoma de una patología social de origen multifactorial.

Desde los distintos espacios de nuestro quehacer profesional nos interesa involucrarnos y contribuir a que el debate público le gane espacio al silencio que se hace cómplice de tales iniquidades. Son varios los objetivos que nos proponemos alcanzar con la publicación de este libro:

Particularmente, promover la profundización del estudio serio y sistemático que permita la comprensión de un fenómeno cuyo dramatismo e indignidad se viene escenificando en Ciudad Juárez, pero que está lejos de circunscribirse a sus límites territoriales, un fenómeno cuyo síntoma más impactante e inadmisible es el feminicidio, que por sí mismo nos compromete como estudiosos y profesionales de distintos campos a analizar los matices y especificidades de las conductas agresivas cuando su proliferación se focaliza en contra de las mujeres. Pero un estudio que requiere contender con la perversa articulación que se da entre una cultura misógina, con un polo económico político como es la frontera, en que se concentra un escenario urbano lacerado por la pobreza, flujos migratorios,  fragmentación social,  vulnerabilidad, delincuencia organizada, violencia generalizada,  resquebrajamiento del tejido social y del estado de derecho.

Ante todo, porque es fundamental destacar la suerte de paradigma que las nuevas tendencias económico políticas parecen experimentar en esa localidad, Ciudad Juárez es un modelo económico, carente de todo programa social en el que esté previsto ya no el progreso social, siquiera medidas para atenuar el deterioro y el riesgo. No considerar esta gama de factores dificultará tanto el examen de esta problemática, como cualquier iniciativa en búsqueda de solución.

Desde luego nos mueve el compromiso cívico y ético de solidarizarnos con los familiares de las víctimas, las iniciativas de organización civil que se han dado, y la vinculación que han establecido con ONG’s y agrupaciones diversas, para clamar por el esclarecimiento de los delitos, el castigo a los victimarios y la restitución del daño.

Como también, contribuir a romper el silencio que ha permitido que las autoridades locales, regionales y federales, minimicen el problema con actitudes omisas e irresponsables, y se acaben convirtiendo más que en procuradores de soluciones y justicia, en cómplices del delito, de la impunidad, y del repunte de un clima de violencia generalizado que fractura todo estado de derecho y que es de alcances imprevisibles.

Sin el menor asomo de duda las grandes protagonistas de la lucha contra la violencia y la impunidad de que han sido y siguen siendo blanco las mujeres de Juárez, son las familias, y particularmente las madres de las víctimas, que pese a la indiferencia e incluso hostigamiento y amenazas de las autoridades, han logrado hacer visible el problema y han conseguido a fuerza de tenacidad la colaboración de organizaciones nacionales e internacionales. Son logros inapreciables el apoyo que les han brindado múltiples organizaciones civiles, de artistas, de defensores de derechos humanos, de la propia Comisión Nacional de Derechos Humanos, del Instituto Nacional de la Mujer, y algunas comisiones parlamentarias de nuestro Congreso, así como Amnistía Internacional,  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y distintas instancias de la Organizaciones de las Naciones Unidas, entre otros, representan grandes pasos que hayan emitido recomendaciones a las autoridades, y que pudieran sustentar como una violación a los derechos humanos el inferido a las víctimas y familiares.

Pero son avances que aún están lejos de concretarse en acciones coordinadas y efectivas para la erradicación del problema, no obstante persistir en ello es fundamental.

Sin embargo, es menester considerar e insistir  que la juridización del problema no es más que parte de la posible solución. De ahí que los variados enfoques de los ensayos que integran este volumen aspiren a enriquecer el horizonte de análisis y la densidad del reto que autoridades y sociedad civil tenemos delante de nosotros.

En su mayoría, los trabajos aquí reunidos son producto de las Jornadas Universitarias contra la Violencia. Juárez: ni una muerta más ni una mujer menos, a los que se incorporaron algunas otras colaboraciones. Dicha actividades tuvieron efecto el 21 y 22 de noviembre de 2002, con el propósito de sumarnos desde nuestro espacio universitario, a la gran marcha que las distintas organizaciones de familiares de las víctimas hicieron a la sede de los poderes federales, y exigir ser escuchadas por el ejecutivo, audiencia que no se les concedió.

Para la realización de las jornadas universitarias se contó con el auspicio del Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) y la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, bajo la coordinación de Griselda Gutiérrez Castañeda. En las mismas se contó con la participación de destacados profesionales del periodismo,  de la política, de la academia, de distintas especialidades, y con la participación testimonial de Marisela Ortíz Rivera, como representante de Nuestras Hijas de Regreso a Casa.

El libro contiene nueve ensayos, distribuidos en cuatro secciones. La primera esta integrada por un escrito de tipo testimonial, en el que la conjunción de un conocimiento profundo de la región, de vivencias personales y de la mirada aguda que le ha permitido cultivar su profesión como fotoperiodista hace que Julián Cardona nos ofrezca un rico trabajo para comprender la problemática realidad de Ciudad Juárez.

Una mirada cuyo objetivo puede ser la cotidianidad de la afirmación de la vida, así sea en sus formas más básicas, de mera sobrevivencia, en los espacios delimitados por el mercado, vale decir, la maquila, el table dance, la distribución de la droga al menudeo, la venta de protección. Pero en donde el encuadre hace que ese objetivo se dimensione y proyecte luz sobre aquellos puntos cardinales que “ordenan” el horizonte, y son a su vez las fuerzas dirruptoras de ese orden, y de las posibilidades de la vida: paso por excelencia de la migración, de asentamientos poblacionales irregulares, laboratorio económico de los acuerdos económicos internacionales, sede de la delincuencia organizada en su modalidad de narcotráfico, o en su modalidad de tráfico de influencias, tanto de autoridades como de particulares.

A fin de cuentas, imágenes en las que Julián Cardona nos ofrece un retrato en el que quedan plasmadas las tragedias humanas, personales y sociales, las adicciones, la violencia en todas sus modalidades llegando al punto de la abyección.

La segunda sección, conformada por tres ensayos, nos ofrece algunas claves estructurales para la comprensión de las tendencias que conforman la problemática de Juárez. En un notable recuento de las transformaciones económicas que ha acarreado al país su inserción a la globalización en condiciones subordinadas, en las dos últimas décadas, se muestra como se desplazaron en términos regionales los polos de inversión a las zonas fronterizas, y junto con ello se privilegió la producción maquiladora a costa de la industria de la transformación,  favoreciendo así las olas migratorias hacia dichos espacios. En este análisis Sergio Zermeño aporta elementos imprescindibles para comprender cómo se articula la cara económica de tales cambios, con la cara social que les acompaña: la del trastocamiento del mundo de la vida, la de la ruptura de las redes sociales que permitan afirmar formas de integración y pertenencia, la descolocación en los roles tradicionales de género. En suma, la confluencia de todos aquellos factores estructurales que cobran sus cuotas humanas, atentando contra la seguridad e incluso la vida, como parte no de mentes psicópatas sino de una patología social.

En este tenor, asumimos que la tendencia a simplificar el tratamiento de los crímenes contra las mujeres en Ciudad Juárez, al punto de reducirle a un asunto de nota roja, es testimonio de los atavismos y prejuicios que culturalmente permean a nuestra sociedad, de manera tal que las mujeres típicamente no son noticia, en tanto se mantienen en sus espacios de encierro y tareas de reproducción social, y cuando salen no pueden mas que ser las responsables directas de convertirse en foco del escándalo, la inseguridad y la violencia. Pero también es testimonio, como lo destaca Alejandro Gutiérrez, de la incapacidad, irresponsabilidad e ineficiencia que ha caracterizado a nuestra clase política para contender con los complejos problemas provenientes de los grandes atrasos sociales que aquejan a nuestro país, y con las implicaciones que pueden desencadenar ciertas políticas económicas con las que supuestamente se promovería el desarrollo social y económico de determinadas regiones y se abatirían algunos rezagos.

En efecto, en su trabajo de periodismo de investigación, el autor nos hace una semblanza de la compleja realidad del fenómeno fronterizo, nos permite asomarnos a la combinación explosiva de factores que han dado por resultado lo que es hoy Ciudad Juárez, en la que se mezclan pobreza, migración, intereses económicos depredadores, delincuencia organizada  y una clase política cómplice de estos intereses, incapaz e indiferente para hacer prevalecer la legalidad, para ejecutar una planeación mínima que permita a abatir el deterioro del espacio urbano y social, así como los niveles de violencia desbordada, incapaz pues para restañar el desgarramiento del tejido social que todos esos elementos han generado.

Ignorar la complejidad que resulta de la combinación de todos estos factores, nos impide entender, como nos lo hace ver Alejandro Gutiérrez la densidad de los problemas que hay que enfrentar, en algún sentido los homicidios perpetrados contra las mujeres de Juárez, es la punta del iceberg que denota el nivel de deterioro que podemos ser capaces de alcanzar, por ello reducir la cuestión a un asunto policiaco no es más que reproducir una red de complicidades, como el autor en su trabajo periodístico lo ha podido corroborar, y con ello contribuir a que ese deterioro se expanda.

Por su parte, en un sucinto análisis, César Delgado Ballesteros hace penetrantes trazos con los que da cuenta del significado de un espacio fronterizo como lo es Juárez, lugar de paso y expectativas, pero también de límite y bloqueo para las mismas; un lugar que visualizado como canal de migración está signado por la falta de arraigo, como de afán alguno por construir un orden estable y vivible, pero que cuando se convierte en refugio, como ocurre frecuentemente, y sede de un nomadismo frustrado, no puede menos que condensar altas dosis de marginalidad, riesgo, ilegalidad; en una palabra, el espacio proclive para que la vulnerabilidad de sus habitantes se agudice y cobre sus víctimas entre quienes en la extrema precariedad de ser mujeres, de ser migrantes y de ser pobres, se vuelven blanco de la violencia, el abandono y el olvido.

La tercera sección integrada también por tres ensayos, nos da cuenta de algunas de las distintas formas de intervención, que con sus bemoles, se han hecho presentes en tal escenario. El primer ensayo corre a cargo de José Pérez-Espino, quien es un periodista que haciendo gala de profesionalismo, de apego a las formas éticas y métodos de estudio que reclama un periodismo de investigación, tiene el mérito de haber sido el primero en haber tematizado en los medios, la cadena de homicidios de mujeres en Ciudad Juárez.

Este hecho denota tanto el compromiso con su quehacer periodístico, como con los problemas nacionales, y con los de su lugar de origen que es dicha localidad.

Conocedor de las particularidades de la región fronteriza y de la ciudad que ha sido el escenario de estos crímenes, realiza un meticuloso trabajo de la cobertura que algunos de los principales medios impresos y televisivos han hecho de esta problemática. Este análisis ineludiblemente se traduce en una denuncia de muchos de los déficits y vicios que nos aquejan: desde el centralismo político y cultural que menosprecia los problemas sociales de las distintas regiones de nuestro país; la devaluación del trabajo profesional que se produce en estos lugares, en este caso el de los informadores y los escritores; hasta de la dudosa ética profesional de aquellos que han divulgado información sobre esta problemática., quienes dando cuenta de poca seriedad y rigor en el manejo de las fuentes, los datos, les ha llevado a diagnósticos mal sustentados, con lo cual hacen patente el nulo respeto por el trabajo de otros colegas y de falta de sensibilidad frente a los hechos de los que se hacen voceros, por decir lo menos. Ya que en algunos casos se ponen de manifiesto comportamientos poco escrupulosos, al medrar a costa de la tragedia que se escenifica en aquella región.

El registro de lo que ocurre en el ámbito mediático, a propósito de la cuestión medular que son los asesinatos y desapariciones de  centenares de mujeres, no es más que uno de los síntomas, que como bien nos deja entrever Pérez-Espino, denota el poco aprecio que les puede merecer a las autoridades, periodistas e intelectuales, sobre lo que ocurre en otras regiones del país y, desde luego, del poco aprecio que tienen por la seguridad, la reputación y la vida de tantas mujeres.

En el segundo ensayo, con la sensibilidad y el compromiso de una larga trayectoria en las filas del activismo social y la responsabilidad pública de un cargo de representación popular, la senadora suplente Patria Jiménez nos hace el recuento de las diversas iniciativas que desde 1997 en el seno del Congreso han tenido lugar, a efectos de contribuir a la solución de los homicidios y desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez. Las diversas estrategias que se han puesto en práctica, dan cuenta no sólo de la intrincada problemática que se encara, sino del peso y la densidad que a manera de rémoras plantean las autoridades políticas y jurídicas locales, como también las federales, que han dado muestras sobradas de falta de sensibilidad, y una conjugación de misoginia, ineptitud e irresponsabilidad.

Esas estrategias han ido desde la integración de comisiones especiales para diagnosticar el estado de la cuestión, darle seguimiento a las tareas de las autoridades locales, entrevistarse con éstas, y con las distintas partes involucradas, incluyendo familiares de las víctimas, con los presuntos acusados, y con organizaciones civiles. Como también, emitiendo recomendaciones a dichas autoridades, en un intento por hacer valer su autoridad político institucional.

Las rémoras son tan contundentes, que han echado por tierra los pretendidos compromisos asumidos por las autoridades locales, al punto que en el trabajo de algunas legisladoras se ha tenido que apelar a las iniciativas coordinadas con movimientos sociales, instancias internacionales y distintas iniciativas de la sociedad civil, para posicionar el tema en el debate público y darle fuerza a las exigencias de solución y justicia que la sociedad juarense reclama, y a las cuales se unen voces desde todos los espacios.

Una clara muestra, pues, de que el poder institucionalizado no cumple a cabalidad sus responsabilidades, bloquea los cauces de comunicación interpares, con lo cual se sitúa en una posición en la que se ve rebasado y deslegitimado.

El tercer ensayo es muestra del invaluable trabajo que han realizado los grupos promotores de los derechos humanos, Adriana Carmona como integrante de una de estas agrupaciones hace un informe del trabajo de análisis, diagnóstico y de algunas de las conclusiones a que han arribado, destaca ante todo como la problemática en esa localidad es una muestra inequívoca del resquebrajamiento del tejido social, pero también del estado de derecho. El modus operandi de las autoridades locales testimonian estas apreciaciones, tanto en su tardía intervención, como en la forma misma de tipificar los problemas. Así cuando instancias como la Procuraduría General de Justicia del Estado ha elaborado sus informes hace constar en sus estadísticas una distinción entre crímenes seriales y situacionales, a la que parece subyacer la intención de mostrar la sobreinterpretación que a su juicio significa tildar de sexistas estos crímenes, cuando a su parecer corresponderían a crímenes del orden común, que no hace sino demostrar la dudosa reputación de las víctimas, su responsabilidad en el desencadenamiento de la violencia de que han sido objeto, y por ello asunto de interés para la nota roja, pero de ninguna manera imputable a responsabilidad u omisión de su papel y a sus atribuciones como autoridades. Por ende, no susceptible de interpretación alguna que dé lugar a centrar la atención en la dimensión institucional, jurídica y/o política, tal que ponga a debate la capacidad de sus funcionarios y autoridades, y mucho menos, cuestione la eficacia y compromiso, o la situación social, cultural y valorativa, que pudieran hacer de este fenómeno un termómetro de la agudización de formas inequitativas, discriminatorias y criminales de cariz sexista, o un indicador de su generalización a nivel social, que hiciera aparecer a las autoridades como parte y cómplices, o portadores de actitudes insensibles e inconscientes.

En contrapartida el trabajo de los grupos promotores de los derechos humanos y las ONG’s, han testificado como lo demuestra Adriana Carmona, las irregularidades que como constantes, han estado presentes en la actuación de las autoridades: omisiones y errores en los procedimientos de investigación, negligencia, parcialidad y actitudes prejuiciadas al tratarse de víctimas mujeres. Abiertas ilegalidades en la fabricación de pruebas, falta de elementos para inculpar a los presuntos culpables, aplicación incluso de tortura,  nula asistencia jurídica a los familiares de las víctimas, e incluso empleo de disuasión y amenazas en su contra, como también hacia las organizaciones solidarias para promover la aplicación de la justicia.

Ante la ineptitud y falta de voluntad política de las autoridades locales, estatales y federales, estas agrupaciones en apoyo a las familias, y como parte de sus propias iniciativas han acudido a la difusión, denuncia y búsqueda de colaboración de instancias internacionales que respalden y coadyuven a la investigación, aplicación de la justicia, y desarrollo de programas integrales que reviertan estas tendencias de descomposición social e institucional.

Por último, en la cuarta sección, en un esfuerzo de reflexión teórico filosófico ineludible, se ofrece una interpretación crítica de cariz ético y político de las implicaciones y significados de una cultura misógina. El primer ensayo es un breve pero agudo análisis en el que Graciela Hierro apunta aspectos clave que hacen de coordenadas para situar el feminicidio en Ciudad Juárez, considera que la comprensión del fenómeno de violencia de género es fundamental, porque pese a su especificidad, en cuanto a la modalidad de su ejercicio, y su selectividad, respecto a las víctimas a las que se les infringe el daño, denota un complejo sistemático de construcciones ideológicas que articulan valores, actitudes, prácticas, discursos, así como formas organizativas que pautan formas de relaciones, de atribuciones de reglas que incluyen o excluyen, que jerarquizan, y conforme a las cuales se diseñan y delimitan espacios y roles.

Un orden patriarcal que se sostiene, al decir de Graciela Hierro, mediante recursos múltiples para asegurar su composición, su reproducción y legitimación, ello explica el papel fundamental que juega la violencia, que en sus distintos grados y modalidades de ejercicio hace las veces de medio para afianzar dicho orden, expresándose en forma soterrada o radical consumándose en violación e incluso homicidio.

Junto a la significativa conjunción de los distintos ángulos desde los cuales es pertinente analizar el fenómeno de Ciudad Juárez, en su sentido económico, sociológico, político y periodístico, apoyados todos ellos en el manejo de información sólida y sistematizada, y aportando agudas y sugerentes hipótesis de interpretación, se remata este recorrido con una reflexión teórica que sustentada en la teoría de género, nos invita a examinar el significado de la violencia sexista, y su más radical expresión que es el feminicidio.

Desde la filosofía política y en diálogo con otras disciplinas, Griselda Gutiérrez Castañeda formula interrogantes nodales, que nos permitan comprender la construcción simbólica, cultural, social de las diferencias, especialmente las diferencias de género, que las hace sede o plataforma de desigualdades, construcciones generadoras de relaciones opresivas y legitimadoras de la articulación persistente entre desigualdad y violencia.

Es un análisis que arroja luz y nos da pautas para hacer inteligible una realidad que parece rebasar y trastocar toda forma de socialidad, de comunicación, de racionalidad, vale decir, la reiterativa ocurrencia de conductas violentas, de sus distintas modalidades y grados de daño, y de su repetitiva focalización contra las mujeres.

Quienes colaboramos en este libro con nuestros escritos y quienes han apoyado este proyecto, somos concientes que el reposicionamiento de las mujeres en espacios otrora exclusivos de los hombres, están a la base de las lecturas sociales que generan rechazo y desencadenan violencia, que el nuevo orden de comportamiento criminal que se ha concentrado en Ciudad Juárez, tiende a generalizarse a otros espacios, que las causas disruptoras de las formas de integración social son producto de rezagos de larga data que se engarzan con cambios y  nuevas tendencias societales y estructurales, y que las posibilidades de desintegración se proyectan a múltiples espacios y alcanzan a todos los actores sociales. Pero también estamos convencidos que la interpretación de la violencia sexista como un indicador del grado de deterioro a que hemos llegado como sociedad, puede fungir como el activador de la alarma que nos lleve a actuar desde todos los ámbitos para contrarestar los efectos no deseados que estos cambios epocales acarrean, y particularmente para actualizar el compromiso ético y político por la defensa de la legalidad, de la vida y de la dignificación de las personas.

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[1] Cifras registradas por Amnistía Internacional.

[2] Se define al feminicidio como la acción desencadenada por motivaciones misóginas, que incluyen violencia sexual y que tienen por objetivo el exterminio de la víctima, que son los aspectos centrales destacados por Radford y Russell. Ver Radford Jill and Diana Russel   FEMICIDE, New York, Toronto, 1992.

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Violencia sexista. Algunas claves para comprender el feminicidio en Ciudad Juárez
Griselda Gutiérrez Castañeda (coord.)
UNAM / Programa Universitario de Estudios de Género / Facultad de Filosofía y Letras, México, 2004, 166 p.

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